Nací el 27 de marzo de 1935 en Buenos Aires, aunque prefiero decir que lo
hice en la ciudad costera de San Pedro, localidad
que vio nacer a mi papá y que me adoptó a los 11 años hasta los 18.
Mis
primeros cuentos los publiqué en 1959 y ese mismo año gané un premio en la
revista ‘Lea y vea’ que tenía como jurado, nada más y nada menos que a Jorge
Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Manuel Peyrou.
En
el ’56, yo era un joven de 21 años, había pasado un año de lo más asombroso que
viví como ciudadano argentino: un golpe de Estado y la proscripción del
peronismo. En mi cuento ‘Los muertos del piedra negra’ reflejé a una sociedad
que comenzaba a manifestarse en contra del Gobierno impuesto y a visibilizar la
figura de Perón. Yo me posicioné en una tercera posición, no estuve ni de un
lado, ni del otro. Mi compromiso como con todos mis cuentos consistía en
describir la sociedad dividida que reprimía desde un bando y pedía por su líder
desde el otro.
Mi
ferviente adhesión al existencialismo y mi compromiso sartreano me hicieron
fundar unas de la revistas de más larga perduración, de 1959 a 1974, ‘El grillo
de papel’ seguida de ‘El escarabajo de oro’.
Lamentablemente
pertenecí a las injustas listas negras de la dictadura cívico-militar siendo
prohibida la otra revista de mi dirección ‘El ornitorrinco’.
En
líneas generales la culpa y el castigo son las temáticas que dieron narración a
mis numerosos cuentos. Mis paseos por los barrios, casas y casonas, bares,
cuarteles, excéntricas calles de la metrópi y callecitas de suburbios de
provincia me quitaban el sueño y me era imposible no crear personajes que se
encontraran en ellos en situaciones límite. Momentos cruciales donde el que
gana, gana todo y el que pierde, pierde todo. Creo que la obra que mejor
expresa lo antedicho es ‘El otro Judas’, montada en 1959 que representa la
culpa de Nazareno.
Otros
de mis relatos son de género fantástico, donde remito a Poe, escritor
norteamericano que admiro profundamente y a quien personifiqué en mi obra
Isfrael. Mi compromiso para con él tuvo su fruto y la pieza teatral fue
premiada internacionalmente y hasta el día de hoy tiene éxito en la Argentina.
La
verdad que mi carrera tuvo más triunfo de lo que yo me esperaba. Cuando era un escritor adolescente que escribía mis relatos
en mi casa de San Pedro no me imaginaba que cuando sería grande gran parte de mi obra sería traducida a
diversos idiomas, ¡desde el inglés hasta el polaco! Ni que obtendría tantos
premios nacionales como internacionales.

Comentarios
Publicar un comentario